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El filósofo bogotano que hace parte del gobierno de Bolsonaro

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Tras cuatro décadas de residencia, Ricardo Vélez Rodríguez se convirtió en ministro de Educación.

Ricardo Vélez Rodríguez (der.) junto al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

El filósofo, teólogo y ensayista bogotano Ricardo Vélez Rodríguez, de 75 años, no fue profeta en su tierra ni en su idioma, pero acaba de prestar juramento como ministro de Educación en el recién iniciado gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil.

Es el primer ministro nacido en otro país que asume una de las principales carteras de un gobierno elegido democráticamente. Su nombramiento se produjo después de que la bancada evangélica, clave en la elección presidencial de Bolsonaro, rechazara el nombre de Mozart Neves Ramos, director del Instituto Ayrton Senna y exrector de la nordestina Universidad Federal de Pernambuco (Ufpe).

El colombiano es el quincuagésimo tercer ministro de Educación en la historia de Brasil. Llegó a ese país en 1979, se nacionalizó en 1997 y tras 4 décadas de residencia termina comandando uno de los ministerios más exigentes en la séptima economía más grande del planeta y en un país cuatro veces más poblado que Colombia, con casi 210 millones de habitantes.

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Su nombramiento como ministro de Educación es, sin duda, histórico en los casi 90 años de vida de esa entidad, que fue creada en el primero de los cuatro gobiernos de Getúlio Vargas, en 1930.

También es el único teólogo que ha ocupado ese cargo y uno de los poquísimos filósofos que lo han desempeñado a lo largo de las 52 administraciones que lo han precedido y que han estado encabezadas, sobre todo, por abogados y políticos nacidos en Brasil.

Hasta hoy, se sabía de psicólogos y pedagogos nacionalizados brasileños que se destacaron en la tierra de Pelé, como la rusa Helena Antipoff o la argentina Ana María Poppovic, o de investigadores como la agrónoma checa Johanna Döbereiner, pionera en biología del suelo y la séptima científica brasileña más citada en la comunidad científica mundial.

También de directores de cine como el argentino Héctor Babenco, de actores y dramaturgos como el italiano Gianfrancesco Guarnieri o de escritores como la ucraniana Clarice Lispector o la cantante luso-brasileña Carmen Miranda.

Igualmente, conocíamos tenistas nacionalizados brasileños como el argentino Fernando Meligeni, el primero en competir en unos Juegos Olímpicos bajo la bandera de Brasil, o de futbolistas argentinos, portugueses y venezolanos que también lo hicieron, pero el nombramiento de un extranjero nacionalizado, de un colombiano, como ministro de Educación es un hecho inédito e histórico.

El desafío que tiene
este colombiano es enorme si se tiene en cuenta su talante conservador, que muchos definen como ultraderechista, y por su anticomunismo a ultranza

El gran reto

El desafío que tiene por delante este colombiano es enorme si se tiene en cuenta su talante conservador, que muchos definen como ultraderechista, y por su anticomunismo a ultranza, que, en menos de 10 días, desató polémica, críticas y la condena de muchos educadores brasileños de avanzada.

Vélez prometió al tomar posesión “combatir lo que se denominó ideología de género, con la destrucción de valores culturales, de la familia, de la Iglesia, de la propia educación y de la vida social”.

Y anunció que “pautas nocivas ya no serán aceptadas” y que va a “combatir el marxismo cultural en instituciones de educación básica y superior”.

En su opinión, los brasileños fueron “rehenes de un sistema de enseñanza ajeno a sus vidas y afinado con el intento de imponer a la sociedad un adoctrinamiento de índole científico y enquistado en la ideología marxista” durante la última década del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), de Luiz Inácio Lula da Silva.

Sus afirmaciones causaron encendidos debates, desataron tempestades académicas y pusieron en pie de guerra a respetados educadores. En una severa carta, el grupo de Escuelas Critique (críticas), constructivistas, que promueven la formación de niños y jóvenes con pensamiento crítico y la construcción de su autonomía intelectual y moral, le precisó que hablar de género “es hablar de un concepto moral mucho más amplio, que abarca ideales de respeto y aceptación del otro, esenciales para la convivencia. Todos tienen la libertad de ser como son, sin moldes determinados. Esto es respetar al individuo”.

Le pidió que diseñe “un plan prudente que asegure el aprendizaje que va a preparar a niños y jóvenes para enfrentar, entre otros desafíos, el calentamiento global, el cambio climático, las cuestiones éticas de la manipulación genética, la inteligencia artificial, y problemas aún desconocidos, pero que vendrán con la transformación cada vez más rápida de la realidad”, y que impida que Brasil caiga en el retroceso educativo.

Le recordó que el conocimiento y la cultura son patrimonio de un país, que el arte es una expresión de civilización, que no puede ser satanizada y, le aclaró, que el problema de las escuelas brasileñas “no son las ideologías de izquierda en el aula, sino la incapacidad del sistema para conseguir que los alumnos aprendan”.

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El grupo de Escuelas Critique, que se reúne desde 2017 para discutir y pensar en educación, cuenta actualmente con 4 entidades de base en las tres principales capitales brasileñas: las escuelas Globo Vermelho, en Belo Horizonte; O Parque y A Vila, en Río de Janeiro, y otra del mismo nombre de la última en São Paulo, además de otras.

El movimiento Critique se propone no solo estimular intercambios de prácticas y saberes pedagógicos entre las escuelas participantes, sino también debatir la educación de niños y jóvenes, y así contribuir a la reflexión sobre la escuela contemporánea y sus rumbos”, manifiesta a EL TIEMPO Thiago Rocha Días, asesor de comunicaciones de Critique.

El grupo le explicó también al nuevo ministro que “son muchas y complejas las razones que trajeron la educación básica a los pésimos resultados que se repiten hace años”, pero que no tienen nada que ver con las ideologías de izquierda, sino con “la ausencia de aprecio por la escuela y la poca valoración que se da al profesor, a su acción y formación en Brasil.

“Enfatizar en problemas ideológicos solo sirve para desviar el foco del problema real y perjudica el perfeccionamiento de la educación escolar, para que el país sea viable”.
La educación básica “es un problema nacional importante y demasiado grave como para que se reduzca a acusaciones y a supuestas maquinaciones de la izquierda.

Considerar que la escuela enseña y la familia y la Iglesia promueven la educación moral es una opinión desactualizada, pues el desarrollo moral es inseparable del desarrollo intelectual, y la educación de los niños no se limita a memorizar.

El conocimiento existe en un contexto y enfoque que, necesariamente, involucra el desarrollo emocional, social, intelectual, moral y físico del alumno. Confundir educación moral –que tiene como objetivo construir la autonomía del sujeto– con moral religiosa oscurece el conocimiento y relega el aprendizaje a una pedagogía obsoleta”, afirmaron en la carta.

Para ellos, “Brasil necesita educarse para el nuevo mundo, creado por las nuevas tecnologías, con cuestiones demasiado desafiantes para la humanidad, y no hay que perder tiempo con convicciones vetustas que parecen ignorar que la humanidad ha sido capaz de llevar al hombre a la Luna, manipular genes, descubrir curas para enfermedades e inventar máquinas que facilitan la vida”, entre otras cosas.

Esta capacidad de pensar, discutir, reflejar e intercambiar conocimiento ha traído a la humanidad hasta aquí. Cercenarla es preocupante y, más aún, si nuestra educación básica es sabidamente mala”.

El ministro Vélez Rodríguez ha dejado claro que combatirá el izquierdismo en la educación y la discusión de género en las escuelas, y con eso ha desatado una especie de caza de brujas en los centros educativos y ha consolidado al Ministerio de Educación como una trinchera estratégica del gobierno de Bolsonaro.

La prioridad de su gestión será “la educación básica, con el desarrollo de políticas públicas de combate –principalmente al analfabetismo–, pero también del fortalecimiento de la educación en guarderías y escuelas, de jóvenes y adultos, en la educación especial de personas con discapacidad y en la gestión de las personas escuelas, para que los estudiantes concluyan sus estudios a tiempo”, según dijo.

Dará atención especial “a los fondos de inversión en educación y a la enseñanza privada, para fortalecer la calidad de los cursos ofrecidos”.

Prometió también mejorar la gestión de los recursos en las universidades para que haya estímulo a las líneas de investigación científica y tecnológica, que van a fomentar políticas públicas de educación con calidad.

Lo sobresaliente

La hoja de vida del colombiano es sobresaliente: licenciado en filosofía por la Universidad Javeriana y en teología, por el Seminario Conciliar de Bogotá, entre 1963 y 1967. Una maestría en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro y un doctorado de la extinta Universidad Gama Filho de esa misma ciudad.

Ha sido profesor en diversas instituciones de educación superior en Río de Janeiro y São Paulo, en la Universidad Federal de Juiz de Fora (UFJF), en el estado de Minas Gerais, al sureste, y de otras extranjeras, en Francia, Estados Unidos, y ha realizado investigaciones en el Centro de Estudios Sociales y Políticos Raymond Aron de París, que tiene más de un siglo de existencia.

En Colombia, enseñó en las universidades del Rosario y Externado y en la Bolivariana de Medellín. Es, además, profesor emérito de la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército brasileño (Eceme), institución que actúa en la formación de oficiales de alta patente.

También es autor de más de 30 libros en español y portugués, entre los que figuran títulos como Pensadores portugueses de los siglos XIX y XX (2015); A grande mentira: Lula y el patrimonialismo petista (2015) (La gran mentira: Lula y el patrimonio petista); Da guerra á pacificação: a escolha colombiana (2010) (De la guerra a la pacificación: la elección colombiana) y otros sobre la democracia liberal y los clásicos de la misma tendencia, como Keynes.

Pero el reto del profeta Vélez en su otra patria también radica en que es reconocido como un intelectual, pero no como un gestor de políticas educativas, y eso podría complicar su triunfo.

GLORIA HELENA REY
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