Economía

El consejo de BBVA cede a la presión y fuerza a González a dejar sus cargos honoríficos

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Accionistas, inversores y BCE exigían una pronta respuesta ante la tensa junta de hoy

Aplausos. Fue la reacción generalizada de un grupo de accionistas destacados de BBVA cuando el presidente de la entidad, Carlos Torres, junto a parte de la cúpula, les comunicó ayer la dimisión de Francisco González como presidente de honor del banco y de su Fundación. Sucedió en una habitual reunión previa a la junta general que se celebra hoy en Bilbao y que se preveía extremadamente tensa por el caso de las escuchas del excomisario José Manuel Villarejo para BBVA y su cada vez mayor impacto reputacional en la entidad.

González, que abandonó la presidencia de BBVA el pasado diciembre y cedió el cargo a Torres, habría contratado a la empresa de Villarejo, Cenyt, entre 2004 y 2005 supuestamente con el fin de neutralizar el intento de Sacyr de hacerse con el control del banco y quitarle de la presidencia. En ese marco, y según distintas informaciones, se habrían pinchado 15.000 llamadas telefónicas, incluidas las de altos cargos del Gobierno, la CNMV y empresarios.

Desde que estalló el escándalo, que ya está siendo investigado en la Audiencia Nacional, la presión sobre el banquero, pero también sobre BBVA y su consejo, ha ido en aumento, tanto desde el Banco Central Europeo (BCE) en su papel de supervisor como desde el entorno de accionistas, empleados e inversores.

Carta de FG a Torres

Ayer, González cedió. En un carta oficial dirigida a Torres le comunica al presidente su decisión voluntaria de abandonar temporalmente sus cargos honoríficos en la Fundación y en el banco «mientras concluyen las investigaciones en curso», aunque las fuentes consultadas dan por hecho presiones desde el consejo. Esas investigaciones del caso Villarejo-BBVA incluyen tanto la judicial, que puede durar varios años, como la interna que el propio banco ha encargado a Pwc, Uría Menéndez y Garrigues, que se inició en junio del año pasado y aún puede prolongarse semanas o meses. En caso de que finalmente González no esté implicado en las supuestas irregularidades con Villarejo la decisión de readmitirlo sería del consejo de BBVA.

Según ha podido saber ABC, tanto Torres como el resto del consejo de BBVA se mantienen en su postura oficial de no tomar ninguna decisión hasta que esas pesquisas internas, que incluyen una «due diligence», se terminen. El mensaje de la cúpula del banco sigue siendo que hasta la fecha no se ha encontrado nada irregular. Por tanto, no está previsto por ahora que se le retire a González ni su plan de pensiones ni, sobre todo, el sueldo variable de los últimos ejercicios, sujeto a cláusulas de buen gobierno.

El retraso que acumula esa investigación interna ha generado malestar, sobre todo en el entorno supervisor. Tanto el Banco de España como el BCE han reclamado públicamente a la entidad celeridad para esclarecer lo sucedido. Fuentes del entorno del organismo con sede en Fráncfort aseguran que el vicepresidente del BCE, el español Luis de Guindos, ha sido muy insistente pidiendo rapidez en esas investigaciones internas, llegando a plantear que el Banco de España y la CNMV tendrían que acabar actuando.

Esa tardanza en la investigación hace crecer el escepticismo sobre la existencia de los contratos que demuestren la relación de BBVA con Cenyt, la agencia de espionaje Villarejo. Es más, BBVA no habría entregado esos documentos al juez instructor de la causa, tal y como le exigió.

Defensa personal

González, en su misiva, justifica su dimisión «para evitar que se utilice mi persona para dañar la entidad» y habla de que están sufriendo «una larga y continua agresión mediática». Aunque no aclara en ningún momento su implicación en la contratación de la agencia de Villarejo, afirma que impulsó en junio de 2018 esa investigación interna «para averiguar el alcance de estos contratos, su importe y su duración». «Mi intención era disponer de toda la información sobre estos asuntos, con el fin de asegurar que el banco había actuado de acuerdo con sus principios de legalidad y publicidad», defiende el expresidente de BBVA.

El banquero parece usar la carta para atacar tanto al Gobierno de Zapatero, al que atribuye el intento de asalto de Sacyr y su expresidente Luis de Rivero a BBVA en 2004, como al del PP, recordando la negativa del banco bajo su presidencia a financiar el banco malo (Sareb) diseñado por De Guindos como minitro de Economía.

«Crisis dolorosas»

Son dos de las «crisis muy dolorosas» que González dice que tuvo que enfrentar, junto a su rechazo a invertir en la salida a Bolsa de Bankia, su renuncia al chantaje de Ausbanc y su decisión de aflorar las cuentas secretas de la antigua cúpula de BBV en Jersey y que le sirvió de excusa para echar del consejo del banco a los antiguos dirigentes de Bilbao, el llamado clan de Neguri.

Ahora, con su dimisión, González intentaría aplacar las posibles críticas públicas de estos antiguos ejecutivos hacia el actual consejo en la junta de accionistas de hoy por el caso Villarejo, si bien la iniciativa legal de estos, que encabeza el exvicepresidente de BBVA José Domingo Ampuero, sigue adelante.

A esa denuncia se sumó ayer la querella del exvicepresidente de la CNMV Carlos Arenillas contra González, Villarejo y el exjefe de seguridad de BBVA Julio Corrochano por las escuchas. El antiguo número dos del supervisor es uno de los nombres cuyo teléfono habría sido pinchado durante la intentona de Sacyr.

La salida de González de sus cargos honoríficos trataría al mismo tiempo de aplacar las recomendaciones de voto de los asesores («proxy advisors») en contra de algunos puntos que se tratan hoy, como la elección del actual presidente, Torres.

Críticas a la gestión

Lo que el consejo no esquivará, además de las previsibles exigencias de explicaciones de sindicatos y asociaciones de consumidores, serán las críticas de los accionistas a la gestión de González por la pérdida de valor que BBVA ha sufrido durante sus casi 18 años de mandato, periodo en que las acciones de la entidad se han depreciado un 30%, quendando su capitalización por debajo de la del Santander.

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